La Medicina Antroposófica
Una mirada profunda del fenómeno salud-enfermedad


Es la intención de estas entregas profundizar en la comprensión que la antroposofía brinda al fenómeno de la salud y de la enfermedad. Solo una mirada integradora puede intentar una imagen del fenómeno patológico, para , luego de comprendido, encaminar una terapéutica que despierte las fuerzas curativas en el paciente.
Es indispensable definir cómo se establece el equilibrio dinámico cuyo resultado es el estado de BUENA SALUD, válido para la medicina humana.
Considerando al ser humano dormido, aparece como un conjunto mineral denominado "cuerpo físico" (elemento tierra), "embebido" de agua, sin la cual es imposible toda vida. Este "elemento agua" es el soporte de las fuerzas que forman el cuerpo vegetativo, o cuerpo llamado "etérico", cuerpo de fuerzas formativas o biofórico.
El "complejo inferior" (tierra+agua) se encuentra beneficiado por una regulación automática neuro-vegetativa, vinculada a un "complejo superior" que asegura las funciones motrices automáticas y las funciones metabólicas.
Al despertar recupera su complejo superior, que está compuesto de un Alma y un YO. El alma es un elemento común al humano y al animal (Anima - Alma, y Animado - capaz de movimiento). Ese cuerpo anímico, llamado "cuerpo astral" que está ligado al elemento gaseoso (aire), actúa sobre el cuerpo físico mediante el cuerpo vegetativo, como el gas actúa en un líquido.
El YO es una conciencia colectiva de especie en el animal, mientras que en el humano es una conciencia individual. En efecto, podemos decidir, a pesar de nuestro deseo, no comer, no beber, lo que el animal es incapaz de hacer, salvo algunas situaciones afectivas de excepcional conflicto dramático. Ese YO (elemento fuego) vive en el calor, pero no es el calor.
Los complejos superior e inferior no se encuentran totalmente separados durante el sueño, lo que expresa la regulación automática neuro-vegetativa, periódicamente por los sueños, a veces por los sudores o los calambres nocturnos.
Al despertar, el pensar se encuentra frío, inmóvil, luego la voluntad de moverse precede a los primeros movimientos, que requieren un gasto de energía. Se percibe el vínculo entre el metabolismo y la voluntad.
En el plano del pensar y el intelecto, el humano se afirmará en el transcurso de la vigilia, pero también se gastará y esclerotizará. Las funciones metabólicas, sobre todo las nocturnas, se encargarán de drenar el organismo y regenerar los tejidos afectados por la tendencia esclerotizante diurna. De esta forma aparece, desde el punto de vista antroposófico, la polaridad SUEÑO-VIGILIA.

Además de esta generalización, se puede contemplar al ser viviente desde un punto de vista anatómico y funcional, como una triple organización.
Hacia la parte superior un polo, físicamente el menos móvil, el más formado desde el nacimiento. Protege con una dura cubierta ósea (como algunos invertebrados) al centro vital del sistema neuro-sensorial, organismo tan elaborado y estructurado desde el nacimiento, que casi ha perdido todo su potencial regenerativo, principalmente en caso de heridas. Es la sede del pensar frío, que desgasta y esclerotiza si sobrepasa ciertos límites. Además, ese polo neuro-sensorial estructura, dinamiza y hace eficaz al polo inferior.
Abajo, el polo que se encuentra física y bioquímicamente en perpetuo movimiento, el del metabolismo y los músculos (la contracción muscular utiliza el metabolismo). Ese polo, que parece salir de la cabeza en el curso de la embriogenesis, se desarrolla durante el crecimiento mucho más que el polo superior, su infraestructura ósea es interna y no periférica como la del polo superior. Es el polo de la regeneración metabólica, y la sede de la voluntad, del dinamismo.
La zona mediana, torácica, es la sede del sistema rítmico, expansión-contracción, inspiración-expiración, diástole-sístole. Se actúa sobre el ritmo respiratorio mediante el sistema nervioso y la voluntad; sobre el ritmo cardíaco solamente en seres muy evolucionados: por otra parte, todos conocen las variaciones del pulso en función de los sentimientos, los eritemas púdicos, la palidez emocional.
Y esta segunda generalización a todo el organismo de las manifestaciones rítmicas demuestra, que cada punto de nuestro ser encierra anatómica y fisiológicamente (por ejemplo, la piel como los músculos, el hígado o el cerebro) los tres elementos neuro-sensorial, rítmico y metabólico. Por tanto, el "ritmo" está presente en todo el organismo, sustentado por el sistema vascular con dos polaridades:
- Fría, estructurante, inmaterial, ordenadora del sistema arterial y de la sístole: es el YANG (vinculado al complejo superior).
- Cálida, modelante, plástica, metabólica, material, dinámica pero aparentemente pasiva, del sistema venoso y linfático, y de la diástole: es el YING (vinculado al complejo inferior).
La cabeza misma presenta, de forma característica, esta tripartición. En la parte superior, el cerebro, protegido por su envoltura ósea, inmóvil, centro del mando, y los ojos centro de captación y percepción; en el centro la región respiratoria, rítmica; en la parte inferior la boca, puerta del tubo digestivo y zona de emisión de la palabra, que es un acto voluntario.
Un ser saludable vive armoniosamente en condiciones rítmicas alternando día-noche, sueño-vigilia.

El organismo se regenera y asimila durante la fase nocturna (digamos entre las 18 horas y las 3 horas). Comienza a excretar, incluso en fase de sueño, a partir de las 3 horas. Estos ritmos, relacionados con el día y la noche parecen tener un origen cósmico y se encuentran anclados de forma tal en nosotros, que los desplazamientos voluntarios de horarios de vida no los pueden influenciar por completo.
En otro plano, el ritmo mensual femenino se puede considerar, seriamente, como un ritmo lunar interiorizado en el curso de los milenios.
Las actividades diurnas intelectuales, pensar intenso, agresiones psíquicas, actúan en el sentido de un endurecimiento y de una esclerosis.

El psiquismo normal y sano resulta de una interacción rítmica entre los tres componentes: Pensar - Voluntad - Sentimiento, analizadas cada una de ellas como unidas a zonas anatómicas de comportamiento diferente.

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