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La Medicina Antroposófica
Los recursos terapéuticos
El reino vegetal
Tal como ya hemos comentado, la Medicina Antroposófica, utiliza como sustancias terapéuticas elementos provenientes de los 3 reinos de la naturaleza, que luego serán sometidos a un proceso farmacéutico de preparación que los torna aptos para el objetivo terapéutico.
En este caso desarrollaremos el potencial terapéutico del REINO VEGETAL
El estudio del potencial energético cuantitativo y cualitativo de la planta, constituida de minerales y de agua como soporte de la materia orgánica, se presenta de una forma más simple y más asequible a nuestros sentidos.
Esquemáticamente, una planta surge de la tierra en primavera, bajo la influencia de fuerzas que no tienen nada que ver con la capilaridad o la ósmosis. La multiplicación celular está poco diferenciada, y esto continuaría indefinidamente si, en un momento determinado, la planta no pareciera recibir de la lejanía cósmica una fuerza que frena su crecimiento, como una mano posada sobre la cabeza de un niño para impedirle crecer más allá de una cierta estatura, e incitarle a polarizar sus fuerzas desbordantes hacia más nobles orientaciones.
Entonces la floración parece el resultado de una astralización cósmica, que estructura progresivamente ciertas partes de la planta a nivel de la flor, dirigida como se debe hacia el cielo, luego del fruto que asegura, mediante la semilla, la perpetuidad de la especie.
En el reino vegetal aparecen algunas variantes.
La planta puede ser muy vegetativa y revelarse muy metabólica, pletórica, blanda, como las cucurbitáceas.
Se puede manifestar una estructuración más importante, que culmine en la producción de pelos, espinas, hojas estructuradas con nervaduras desbordantes, como en los cardos.
La planta puede desarrollar sus flores en el eje horizontal; plantas que contienen nitrógeno, característica fundamental del animal y del hombre quienes, como ella, miran a lo horizontal. Las formas enrolladas corresponden igualmente a una forma de vida menos vegetativa.
Sin embargo, la astralización cósmica no penetra grandemente a la mayoría de las plantas, a las cuales ella confiere sólo una estructuración y una diferenciación más adelantada. Por encima de un cierto nivel, la captación de las fuerzas astrales deviene una característica de estadios de la vida superior, es decir, del animal y del hombre. Estos podrán integrarlas, asimilarlas, de alguna forma metabolizarlas para su elaboración psíquica y anímica. En el caso de las plantas, la integración demasiado profunda de esas fuerzas anímicas se traducirá en la génesis de productos que poseerán una afinidad y por ende una toxicidad selectiva para los elementos anímicos y humanos. Son éstas las plantas animalizadas, más tóxicas, pero más eficaces (tabaco, orquídea) o francamente tóxicas (belladona, beleño, estramonio, mandrágora, algunos hongos).
La influencia cósmica provoca en otras plantas la formación de latex o zumos venenosos o irritantes, de alto valor terapéutico.
En un mismo orden de ideas, las labiadas poseen un tallo cuadrado que indica la estructuración e integración del proceso calórico y luminoso del "éter vital".o "fuerzas formativas". El romero, el tomillo, la ajedrea, bien estructuradas, constituyen toda la poesía de los mercados provenzales... y la promesa de una buena salud. La menta y la melisa, más blandas, aportan un proceso de vitalización más marcado en el polo vegetativo, metabólico y circulatorio.
La cola de caballo, Equisetum, rica en sílice y azufre, une el proceso estructurante de la sílice al proceso calor del azufre; es una planta activa sobre los riñones y favorece la mineralización ósea.
La Anémona pulsatilla, bien conocida de los homeópatas, con un porte erguido, que se inclina bajo el peso de sus flores, para volverse a erigir durante la formación de sus semillas delgadas. Es la imagen de la lucha victoriosa contra la gravedad, utilizada en fitoterapéutca y homeopatía.
De esta forma se puede percibir la variedad de las indicaciones terapéuticas, tan bien conocidas por los fitoterapeutas, como por los homeópatas. El objetivo de la antroposofía no es revelar las indicaciones que los investigadores han descubierto a lo largo del tiempo. Por el contrario, aporta el hilo conductor sobre el origen del poder terapéutico.
Es evidente que una planta-tipo, estadística, media, sin ninguna característica especial, sería poco atrayente, y sólo tendría pocas propiedades terapéuticas; en suma, que el Arquetipo sería ineficaz.
Rudolf Steiner ha sido el primero en mostrar que son precisamente las plantas llamadas curativas las que tienen una tendencia a desarrollar exageradamente una de sus partes o uno de sus procesos, que deviene así con el lugar donde escogen vivir, su característica más destacada.
Es la anomalía, o mejor la anormalidad, lo que hace de un vegetal una planta medicinal.
Ese principio que provoca deformaciones en el mundo vegetal y estructuras generadoras de toxicidad y de poder terapéutico, significa para la vida animal la aparición de la enfermedad; ésta ha sido definida como la ruptura del equilibrio "día-noche, sueño-vigilia".
Si se compara la evolución de la planta con la del hombre, se puede establecer un paralelismo, invirtiendo la planta, con la raíz a lo alto.
La cabeza, de donde parte la formación del embrión, corresponde a la raíz, refugio de la vida y de las soluciones metálicas durante el invierno para muchas especies.
Las ramas y las hojas, insertadas rítmicamente y con una acción respiratoria, se pueden comparar con el sistema rítmico humano, circulación-respiración.
La flor, que asegura los factores sexuales de reproducción, y que luego desarrolla un intenso potencial metabólico en el fruto que protege a la semilla, podrán corresponder al sistema metabólico y de reproducción.
Así aparecerán tres niveles terapéuticos con los que es posible actuar.
Pero la planta es un organismo constituido por los elementos tierra y agua. No posee el organismo aire como el animal y el ser humano, ni el YO. El calor y el aire, la luz, actúan sobre ella desde el exterior, penetrándola más o menos, y haciéndola crecer y fructificar. Estos elementos no materializados, sobre todo el calor, son precisamente las herramientas del farmacéutico en la preparación del medicamento. De esta forma se puede intensificar un proceso que ya se encontraba latente en la planta. La ritmización es un proceso que decuplica la eficiencia, pero no se puede aplicar a cada preparado por razones vinculadas a la naturaleza de determinados productos.
La planta, rica en minerales y metales (que juegan un papel estructurante sobre el organismo, porque han interiorizado el proceso calórico), se encuentra así validada mediante la preparación terapéutica. El estudio analítico de la planta total o de uno de sus elementos podrá orientar más selectivamente la elección del médico.
Parece haber llegado el momento de rehabilitar a la infusión, cuando la misma no se transforme en el asesinato del vegetal.
De igual forma, la dietética, al recordar al ser humano que fue vegetariano y frugívoro antes de transformarse en carnívoro, abre puertas y horizontes terapéuticos cada vez más difíciles de obviar.
Contacto: consultas@drgrines.com.ar
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